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¿Formar públicos o impulsar el consumo cultural?

Impulsar la asistencia a eventos culturales en el país resulta ser una tarea muy pesada, sin embargo algunos eventos han demostrado que en el país hay personas interesadas en eventos culturales y artísticos.

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Artículo por: cronica.com.mx

Formar públicos y consumo cultural son dos conceptos que instituciones, promotores y asociaciones civiles han utilizado durante años, para buscar que las personas tengan a la cultura como un acompañante cotidiano. Incluso se han tornado en lugares comunes, y entonces la pregunta es: ¿Cuál de los dos se debe impulsar para lograr lo anterior o existe otro camino?

El reciente éxito de la exposición Yayoi Kusama. Obsesión infinita, la cual tuvo del 26 de septiembre de 2014 al 18 de enero de 2015, en el Museo Tamayo, 316 mil 800 visitantes, denota interés por la cultura. Lo anterior se reafirma con los datos presentados por el INEGI y el Conaculta, con la Encuesta Nacional de Consumo de Cultura de México 2012, la cual dice que en este año el número total de asistencias a eventos culturales fue de 633 millones.

Entonces, por qué en teatros, funciones de danza conciertos u otras manifestaciones culturales la asistencia es poca. Crónica entrevistó a editores, escritores y especialistas para conocer su opinión sobre este tema, el cual no sólo es importante para la formación de mejores ciudadanos, sino vital para la economía del país.

Por otra parte, la Cuenta Satélite de la Cultura de México 2008-2011, realizada también por INEGI y Conaculta, informa que el sector de la cultura en México tiene una participación de 2.7 por ciento en el Producto Interno Bruto (PIB) total nacional, con un monto de 379 mil 907 millones de pesos en 2011, y ésta participación es mayor a la suma del PIB de Nayarit, Tlaxcala y Zacatecas, y 57 veces mayor al valor agregado de bares, cantinas y similares en todo el país.

Para Jaime Labastida, en México el consumo cultural está distorsionado, pues la gente prefiere pagar por ver un concierto de rock, que una ópera, aún con el esfuerzo físico y gasto económico que ello implica.

El poeta y filósofo afirma que “no hace falta oferta cultural, al contrario, lo que sucede es que los valores que alientan el consumo están mal direccionados, y por ende el consumo cultural en el país está mal, muy mal”.  

Reflexiona sobre “por qué esa gente que no quiere pagar por un bien duradero, que un padre puede transmitir a un hijo, como es el caso de un libro de 300 pesos por ejemplo, no tiene escrúpulos para pagar 800 pesos para estar seis horas de pie en un concierto de rock”.  

En este sentido, el director de Siglo XXI Editores concluye que el consumo cultural no se trata de un problema de dinero, sino de orientación. “Cuando algo es necesario para el disfrute esencial de la gente, lo adquiere, sin importar qué tan accesible pueda o no ser, un ejemplo de esto es cómo distintos sectores de la sociedad tienen acceso a un teléfono celular”.

Esto demuestra que la gente tiene recursos y tiempo libre, “pero como no sabe qué hacer con ese tiempo libre, lo llena de basura y no consume lo adecuado”. Por eso lamenta que, para muchas personas, actividades como la lectura, por ejemplo, no las practiquen; “si es poesía, porque no entienden y lo describen como un hecho muy complejo y difícil; si es Pedro Páramo, porque no entienden la estructura, y ya no se hable de Ulises de James Joyce, porque son palabras mayores”.

SOLUCIÓN A LARGO PLAZO. Labastida considera que el origen de la mala orientación cultural radica en la educación, porque no hay suficiente atención por parte de las instituciones para poder dirigir a la sociedad.

“El problema central en México es que le hemos puesto mucha atención a la masificación educativa, nos preocupa tanto que todo mundo tenga acceso a los bienes culturales y educativos, pero no a elevar la excelencia de la educación”, indica.

Por esta razón, dice que el país tiene analfabetas funcionales, porque el sistema sólo se conforma con propinar “pequeñas dosis de cultura (…) la educación no sólo es alfabetizar, sino saber leer, porque leer es pensar, y pensar bien para poder escribir y, por consecuencia, saber dialogar; si no hay esto, lo demás no sirve de nada”.

Y una de las posibles soluciones frente a esta situación es pensar a largo plazo, dice el poeta, ya que la continuidad permite que los proyectos se cumplan y generen resultados, “sin embargo, en México estamos sujetos a un sistema político que desgraciadamente no permite desarrollar proyectos a largo plazo porque hay cambios presidenciales, gobernadores, diputados…”.

CAMBIO DE PARADIGMAS. El secretario de cultura del Distrito Federal, Eduardo Vázquez Martín, asegura que hay que cambiar los conceptos de oferta, consumo y producción. “Habría que transformar el concepto de consumidor y productor, a una idea donde la sociedad en su conjunto es la creadora de la cultura, donde todos sean productores y consumidores de la misma”, explica.

Ahonda en la idea al detallar que la cultura es diversa y que por ese carácter tiene múltiples manifestaciones, en las que incluso el hecho de participar en un carnaval, asistir a la feria patronal o comer la gastronomía local, ya es participar de la cultura.

Señala que se deben entender nuevos procesos de la idea de cultura, muy diferente a la del siglo XX, donde el Estado era el único creador de las políticas públicas en este sector, proveedor de la cultura y patrocinador del arte.   

“Ahora hay colectivos o empresas culturales que producen sus propios proyectos y encuentran espacios participativos y son ellos mismos consumidores de lo que hacen (…) por eso hay que fortalecer su independencia, porque entre más independientes sean, mayor autonomía, y en consecuencia, mayor crítica y libertad”, subraya Vázquez Martín.

En este sentido, añade que las instituciones públicas fungen como gestores que acompañan los proyectos, “quienes fortalecen los procesos sociales que se dan en una sociedad libre”.

El acercamiento al arte “tiene más que ver con inclusión, participación y esos conceptos, que con la formación de públicos o consumo cultural, porque no podemos reducir la cultura a la lógica del mercado. Entender la vida social como oferta y demanda nos empobrece, aunque no debemos olvidar que el mercado forma parte de este proceso.

Ignacio Padilla, autor de El peso de las cosas e integrante de la Generación del crack, retoma las deficiencias en la educación y señala que el magisterio no termina de resolver o “al parecer no quiere” solucionar el problema de la educación con calidad, comenta que la Reforma Educativa fue un intento, pero no prosperó.

“No veo voluntad de mejorar la calidad de la educación y por lo tanto creo que si hay que hacer algo, que lo haga alguien más que no sea el magisterio, porque no le veo ganas de remediarlo, y tampoco me parece que el Gobierno Federal haya hecho mucho”, comenta el escritor.

Sin embargo, considera que la oferta cultural en el país es buena y, a nivel internacional, México tiene presencia a través de la ópera, orquestas sinfónicas, escultores, pintores cineastas, escritores…

“Hay escritores que están siendo leídos en todo el mundo y no sólo eso, también traducidos, gente como Gabriel Orozco, que tiene una exposición en Pompidou; hay festivales de cultura; ferias del libro, en fin, la oferta es inmensa”. Agregó que la gente no se puede quejar porque oferta cultural hay mucha en el país y en la ciudad de México con mayor razón.

EXPANSIÓN DE LA OFERTA. Benito Taibo dice que la ciudad de México “es uno de esos amplios, variados y buenos centros culturales”, donde hay una amplia oferta cultural, y agrega que mucha de ésta es gratuita.

“Por esta razón debemos considerarnos privilegiados, aunque sin lugar a dudas hay personas que todavía no son muy conscientes de esto, porque no abren los periódicos o porque no se enteran por ningún medio”, explica el autor de Vivos y suicidas.

Describe a la ciudad de México como un amplio escenario cultural, porque a su juicio la presentación de eventos culturales ya no se encuentra centralizada, pues en el sur hay cartelera “y en el norte también se abren las posibilidades de centros culturales”. Además, menciona que el dinero no debe ser excusa para el consumo cultural, porque muchas actividades son gratuitas.

“La razón por la que la gente no se acerca a la oferta cultural es porque hace falta difusión y muchos no saben buscar o encontrar, ya que las instituciones hacen lo posible por cubrir una cartelera vasta”, opina.

También menciona que en la actualidad continúan prejuicios sobre las artes, pues mucha gente piensa que eventos como la ópera, el teatro o los museos no son para todas las personas.

“Pero la clave —continúa Taibo— está en que cada quien descubra lo que le gusta para así poder acercarse a las artes. En este sentido, la labor de las autoridades es acercar al público a las diversas manifestaciones que existen”.

Mientras que los artistas o productores culturales deben tener la sabiduría para poder crear obras que propicien el acercamiento de las personas a través del interés que les pueda causar.

Y por otro lado, “los promotores culturales tienen el reto de lograr transmitir la cultura de una manera afable, que intente acercar de manera divertida las distintas propuestas artísticas”.

CENTRALIZACIÓN. Por su parte, Daniela Terazona, promotora de cultura, dice que la oferta cultural en el país se encuentra castigada por las negociaciones institucionales o empresariales y además no hay difusión.

“En el caso de los libros, cuando un título se mantiene en exhibición como novedad, su tiempo es muy breve, así, cuando uno va a la librería y ve dos libros que le interesan, se lleva uno y promete volver por el otro, pero cuando lo hace ya no está, lo que requiere mayor tiempo de exhibición”, explica.

Para Terazona el mundo editorial sí se encuentra centralizado dentro del universo cultural, pues dice que la mayor oferta de bienes culturales en este sector se encuentra en las ciudades más grandes, por lo que muchas comunidades aledañas quedan fuera del consumo.

“No hay alcance, pues la gente que vive en las periferias tiene que viajar a las ciudades más grandes, porque ahí existe un mayor catálogo”, comenta. A pesar de ello, dice que tiene la firme convicción de que si a una persona le interesa un libro o la lectura, buscará los medios para poder acercarse a ella y disfrutarla.

“Como promotores culturales sólo nos queda más observar los mecanismos que existen y, al ver la distribución de los bienes culturales, hacer estrategias de promoción y adecuarlas a la oferta que existe, conforme a las posibilidades de cada sector”, indicó la promotora cultural.

CIUDADANOS. Para algunas personas es la falta de tiempo lo que no les permite asistir con frecuencia a exposiciones, óperas, ballets…, mientras que para otras es el desconocimiento de las disciplinas o actividades culturales.

Andrés Flores tiene 22 años y es estudiante de medicina en la UNAM, asegura que no es un asistente frecuente a los museos de la ciudad, sin embargo, cada vez que sus obligaciones escolares le dejan tiempo, busca las ofertas que hay en museos. “No soy un asistente frecuente a los museos. Yo creo que voy una o dos veces al mes, dependiendo del tiempo que tenga, pero cuando puedo me meto a Google y busco los museos y las exposiciones que tienen”, narra el joven.

Agrega que le gusta ir al museo porque encuentra buenas propuestas, “algunas más alocadas que otras, pero interesantes, aunque no se les entienda mucho”, pero asegura que también es una forma de aprender.

Mientras que Carolina Carrillo, egresada de la carrera de Contaduría, dice que sí le gusta ir a los museos y se considera asistente frecuente, aunque no así de eventos relacionados con otras disciplinas artísticas. “He de confesar que voy mucho a los museos, pero no pasa lo mismo con otras artes, como la danza o el teatro, mucho menos la ópera”.

Agrega que no ha ido a una función de ópera porque no es uno de los eventos que frecuente, por lo que no está acostumbrada a revisar la programación que existe al respecto. “Creo que el problema de la difusión de estos espectáculos, es que la gente cree que por ser ópera es para público de otro nivel, cuando la verdad es que no es cierto, porque yo tengo familiares que sí han ido, además de que les impone el Palacio de Bellas Artes”.


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