Nueva generación de Emprendedores

Emprendedores sustentables

Hay una nueva economía que está creciendo, el desarrollo de productos y servicios que cuidan el ambiente están fomentando una nueva economía sustentable.

sustentable

Vía: larazon.com.ar

Promoción de las economías locales, producción limpia, comercio justo, inclusión laboral de sectores excluidos e incorporación de materiales reciclados, son algunos de los atributos que comparten los llamados “emprendedores sustentables”, una nueva generación de empresarios que, sin perder de vista la rentabilidad, desarrollan productos y servicios con los que pretenden aportar soluciones a problemas sociales o ambientales.

Pueden ser Pymes, empresas grandes o emprendedores individuales. No los identifica el tamaño, sino una nueva visión del éxito empresarial: el lucro ya no está en el centro del negocio, sino que se reubica como una herramienta para la creación de valor social y ambiental. Son muchas las empresas surgidas bajo este nuevo paradigma en nuestro país; aquí presentamos cuatro casos ilustrativos, que por su impacto y originalidad vale la pena conocer de cerca.

CALZADO CONSCIENTE

“Calzá Conciencia” es el slogan de Xinca, una empresa creada por tres amigos mendocinos –Ezequiel Gatti, Nazareno El Hom y Alejandro Malgor– que un día decidieron dejar de ser espectadores de los problemas sociales y ambientales de su comunidad para empezar a ofrecer soluciones. ¿Cómo? A través de la fabricación de unas zapatillas sustentables que en su proceso productivo incorporan materiales reciclados y brindan oportunidades de trabajo para personas excluidas del mercado laboral.

“La base de nuestro calzado se desarrolla con el reciclado de caucho de neumáticos que representan una gran amenaza en términos de contaminación. Para la capellada reutilizamos telas de diferentes orígenes y en nuestra cadena de valor incluimos a personas que se encuentran en estado de vulnerabilidad social”, explica Ezequiel Gatti, uno de los socios de Xinca. Estos trabajadores se ocupan del pegado, cortado y limado de las zapatillas, y encuentran en la empresa una salida laboral genuina.

A fines de 2013, Xinca ganó el reality show de Telefé “El Emprendedor del Millón” –concurso que le permitió reunir parte del dinero para poner en marcha el emprendimiento–, y en marzo de 2014 fue reconocida con el Premio Mayma al mejor emprendimiento sustentable del país. Desde entonces la empresa cobró impulso y en septiembre del año pasado sumó otro hito importante: la certificación como empresa B por su modelo de negocio que combina el lucro con el logro de soluciones sociales y ambientales.

“Las empresas convencionales tienen en sus hombros la historia de perseguir sólo rentabilidad, que fue un modelo de negocios que funcionó mucho tiempo. Hoy es momento de repensar este modelo, de entender que las empresas y el cuidado no deben caminar en sentido opuesto”, reflexiona Gatti, aunque reconoce que esa es sólo la mitad del cambio. La otra parte le corresponde al comprador: “Los consumidores deben premiar y elegir a las empresas más responsables”, agrega.  

Hoy Xinca comercializa su producto en varias tiendas de Mendoza y realiza envíos a todo el mundo a través de su tienda online (www.xinca.com.ar). En los próximos meses planea desembarcar en Buenos Aires y tienen propuestas para expandirse a otros países como Chile, Uruguay, Estados Unidos, México, Colombia y España. “Queremos ser algo más que una marca de zapatillas. Queremos hacer negocios de una forma diferente, con compromiso social y ambiental”, concluye Gatti.

DISEÑO SUSTENTABLE

Lindo, práctico y ecológico. Esos tres adjetivos definen a “Gota Verde”, un colector de agua de lluvia de uso doméstico desarrollado en 2011 por la diseñadora industrial Sabrina Goldin y presentado hace algún tiempo en la feria Puro Diseño de la ciudad de Buenos Aires. Pensado especialmente para el ámbito urbano, este colector permite acopiar el agua pluvial en un tanque de 500 litros y cuenta con una estructura metálica que sirve de soporte para plantas y enredaderas, que al crecer forman un auténtico jardín vertical.   

“La idea fue crear un producto funcional y a la vez estético, que pueda comprar cualquier persona y que pueda incorporarse a la arquitectura de cualquier casa”, repasa Sabrina, que además de diseñadora es actriz. El colector aprovecha la superficie del techo y almacena la lluvia a través de un sistema de canaletas y filtros, por lo que el agua puede ser reutilizada para regar o limpiar. Su estructura es sencilla y puede adaptarse fácilmente a cualquier terraza o balcón.

“El agua dulce es un recurso cada vez más limitado, por eso pensé en una estrategia para aprovechar el agua de lluvia y disminuir el consumo de agua corriente. Esto es especialmente útil en ciudades donde llueve mucho, como Buenos Aires”, explica Sabrina, que acaba de lanzar una versión modular, más versátil, para departamentos. Y agrega: “Hacia adelante me interesa seguir perfeccionando los prototipos y desarrollarlos a escala, y desarrollar nuevas soluciones de recolección de agua de lluvia para zonas rurales con bajos niveles de precipitación”.

CON LA FUERZA DEL VIENTO

Llevar energía limpia a lugares aislados. Tal es la propuesta de Eolocal (www.eolocal.com.ar), una empresa argentina que desde 2011 se dedica a la fabricación de aerogeneradores de baja potencia para garantizar el suministro eléctrico en parajes rurales, puestos sanitarios o campamentos móviles. El emprendimiento combina así el fin comercial con tres objetivos centrales: garantizar el acceso a la energía, cuidar el ambiente y capacitar mano de obra local.  

Sus equipos tienen un diseño sencillo, de pocos componentes y con insumos 100% nacionales, que pueden ser instalados y mantenidos fácilmente por técnicos locales. Poseen una potencia nominal de 700W que permite abastecer los principales usos de una vivienda tipo, y sirven tanto para zonas de vientos moderados (centro del país) como para zonas de vientos elevados, como la Patagonia.

“A través de este producto nos proponemos revolucionar la vida en el campo con un aerogenerador en cada puesto e instalación rural que necesite energía eléctrica”, explica Ariel Mesch, ingeniero industrial de la UBA y fundador de Eolocal. Y agrega: “Nuestros equipos poseen el único diseño de flujo axial del mercado, lo que permite la generación de energía sin la necesidad de poleas, engranajes ni cajas reductoras, todos ítems que agregan costo y restan eficiencia energética”.

Su propuesta se complementa con el proyecto social 500RPM, que fomenta el uso de energía eólica en escuelas rurales  y capacita a la población local para la instalación y mantenimiento de los equipos. Este proyecto ya ha ganado premios de Greenpeace y Pampa Energía para instalar aerogeneradores en escuelas de Río Negro y Mendoza.

TEJIENDO COMUNIDADES

Cuando Alejandra Gottelli inició su investigación sobre fibras naturales en la Argentina no se imaginó que terminaría convirtiéndose en una emprendedora sustentable. Fueron cinco años de viajes y estudios, que le permitieron vincularse con productores rurales de todo el país y delinear las bases de un proyecto que llegaría mucho más lejos de lo pensado. Un proyecto productivo, sí, pero inspirado en tres principios fundamentales: equilibrio ambiental, equidad social y ética comercial.

Así nació en 2005 “Cubreme” (www.cubreme.com), unas de las primeras marcas de ropa ética del país, cuyas prendas están elaboradas a partir de hilados orgánicos provenientes de pequeños productores y artesanos del interior. En el camino obtuvo numerosos reconocimientos que fueron apalancando la iniciativa y hoy es una empresa B certificada, cuyo modelo de negocios es objeto de estudio y ejemplo para otros emprendedores que apuestan a un nuevo paradigma económico.

“Todas nuestras materias primas provienen de recursos renovables. Usamos fibras de animales endémicos, como la llama, cuyos productores trabajan bajo los estándares del bienestar animal y manejo sustentable de los suelos. También usamos fibras vegetales, como el algodón, que compramos a una cooperativa del Chaco que produce de forma orgánica, sin agroquímicos, cuidando la salud del cosechador y del ambiente”, explica Gottelli, que es docente y está casada con un diseñador industrial que colaboró activamente en el proyecto.

Una de las claves de Cubreme es la relación directa con todos los actores que integran la cadena de valor, desde el productor llamero hasta la hilandera. “Un emprendedor sustentable tiene que conocer la raíz de la materia prima que utiliza y a todos sus colaboradores”, afirma Gotteli. Y concluye: “Esto no es moda. Esto es un camino que hay que seguir, porque no hay plan b”.


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